30 de 09 de 2014

Fantasías amorosas del pasado

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Cuando era más joven (porque no diré que estoy vieja AÚN), generalmente iba tras lo que quería sin ningún tapujo ni miedo. Entonces, si alguien me gustaba en una fiesta o una reunión de amigos, no esperaba a que me sacaran a bailar –como lo hacían mis amigas- sino que era yo la que los invitaba.

Y les diría que el 99% de las veces me funcionó bien. Así, mientras mis amigas esperaban la mitad de la noche a que el tipo se animara a acercarse, yo ya estaba en full confianza con mi ‘presa’. Y siempre me dio una lata terrible el juego del quien llama primero, o esa prerrogativa de que nunca se debe acceder a la primera… Eso para mí era un juego de niños aburrido y que me empujaba a dar el ‘next’ con facilidad.

Sin embargo, recuerdo pocos casos en los que la atracción me paralizó. Casos en los que no fui capaz de acercarme como estaba acostumbrada y en los que sólo me dediqué a mirar con distancia.

Cuando estaba en la Universidad me pasó -por hartos años-, que miré de lejos… muy de lejos, a uno que encontraba de todo mi gusto. Él se paseaba con varios guapos y –según yo- eran muchas las que los miraban. Pero él me gustaba porque era el único que no tenía esa parada engreída, sino que era casi tímido.

Una vez mis compañeras me descubrieron mirándolo y me instaron a acercarme. Entre broma y broma, me acerqué y me puse detrás de él, en medio de una multitud de personas… Y fue la primera vez que sentí su aroma… Casi me derrito… O sea no sólo lo encontraba guapo, sino que además su aroma me revolucionaba las hormonas. Por lo mismo, mi instinto de caza llegó hasta ahí y no pude abordarlo como hubiese querido. La leona se convirtió en gatita y perdí mi capacidad de juego.

Lo mismo le pasó a Catherine, que le encantaba un vecino –más grande que ella, por supuesto- y que miró por años, desde pequeños hasta que él se casó. Alguna vez conversaron un par de palabras. Alguna vez le sonrió de lejos. El resto de su participación en la vida de Catherine fue a través del protagonismo de excitantes fantasías a lo largo de su juventud. Y hoy, cuando lo trae a la memoria, aún es capaz de erizar su piel y producirle sensaciones en todo el cuerpo… Aunque en realidad, nunca siquiera lo tocó.

Lo más probable es que muchas hayan tenido una atracción platónica que en algún momento de sus vidas llevaron a la fantasía. ‘¿Qué hubiese pasado si…?’, ‘¿hubiese resultado?’, ‘¿me habría gustado…?’… Eso ya no lo sabrás, pero mantenerlo en fantasía puede, de alguna forma, mantenerte atada a una época, a una sensación de juventud, a una utopía… Entonces, si esa fantasía nostálgica se te aparece y te preocupa, es importante contextualizarla en lo que hoy vives.

Pregúntate qué está pasando en tu relación actual y que función estimuladora (o no) puede estar cumpliendo esta fantasía en tu vida actual.

Si por el contrario, no tienes una relación amorosa actualmente, quizás no debieras de perder la oportunidad de ir más allá y buscar la instancia de volver a verlo y darle una nueva oportunidad a la vida.

¡En ambos casos, suerte! Y recuerda, que algunas imaginaciones se pueden hacer realidad, pero otras es mejor mantenerlas siempre como lo que son: fantasías.

@karenuribarri

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