30 de 04 de 2012

Mujeres en terapia

La terapia sicológica va en aumento. Casi el 70 por ciento de las mujeres que me rodean acuden semanalmente o cada quince días a una. El 40% de ellas acompaña la terapia con medicamentos, estabilizadores de ánimo, ansiolíticos, antidepresivos… y el mismo 40% bebe alcohol en cada encuentro, cena y happy hour.

De ese mismo grupo, la gran mayoría está en lo que han denominado ‘crisis de pareja’. Y, desde que están en terapia individual, han mejorado sus ánimos pero no sus relaciones. Entonces, sólo han escondido bajo la alfombra lo que les molestaba, pero no han arreglado el fondo del asunto.

He visto dos tipos de caras en sus maridos. En unos, el desamor, y en otros, la preocupación. En ambos grupos la situación es delicada, aunque ambos grupos aún mantienen relaciones sexuales con sus parejas. Sin embargo, basta mirarlos para darse cuenta que sus relaciones amorosas están rotas.

Algunas de estas mujeres incluso han dejado entrar a sus vidas a terceros, ya sea a través de intensos coqueteos o situaciones más avanzadas. Y viven la vida loca, como si estuviesen viviendo un renacimiento. Pero un renacimiento personal, individual… Pues sus parejas han quedado en el camino… lejos, distantes, como meras decoraciones del hogar.

Y ellos, con sus problemas y temores, enfrentan a mujeres auto engrupidas con esto de la sanación mental y conductual; que olvidan que los problemas de pareja se arreglan precisamente en pareja, de a dos y con largas horas de conversación. Que requieren de trabajo de ambas partes, de horas de dedicación y que no se resuelven saliendo con las amigas con más frecuencia de la que se habla con tiempo y profundidad con el marido.

Me preocupa que las mujeres, sobre todo las que me rodean, caminen por ese camino de ‘alegría comprada’, de ‘adormecimiento de las emociones’. Me preocupa que mis mujeres no tomen sus vidas por el mango y con fuerza interna resuelvan todo lo que se les ponga en el camino, sin necesidad de tantos medicamentos ni tanto sicólogo.

Yo sé que debe haber casos que sí lo necesitan. Pero no es sobre esos casos de los que escribo. Sino que me refiero a las que olvidan su esencia de mujer guerrera y valiente, que resuelve su vida y lucha por arreglar sus relaciones… y prefieren esquivar las emociones e incluso, las duras verdades que tendrán que afrontar junto a sus parejas. Y, consecuentemente, enseñan a las futuras generaciones que ésta es la forma ideal de solucionar los avatares de la vida…

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