07 de 10 de 2011

Platea Vip: "La Muerte y la Doncella" demuestra su vigencia

Jerónimo Bisquert y Kevin Olsen en Marbella

Antonia Zegers, César Sepúlveda y Erto Pantoja, dan vida a una nueva versión de “La Muerte y la Doncella”, la obra de Ariel Dorfman más representada en el extranjero y hasta llevada al cine por Sigourney Weaver, Ben Kingsley y Stuart Wilson. Los montajes chilenos anteriores, de 1991 y  de 2000, no tuvieron buenas críticas ni éxito de público. Se especuló que el país no estaba preparado para escuchar hablar de verdad y justicia, la primera vez. Y, la segunda, la obra se convirtió en un hecho mediático cuando en el elenco participó Nelson Ávila. Ahora, la situación es diferente. Esta puesta en escena, dirigida por Moira Miller, llega en el momento preciso en que la discusión  social está en un punto álgido y toda reflexión es bienvenida. Eso se suma a una visión fresca y ágil del texto de Dorfman de la directora, contenida en términos actorales, que logra potenciar las preguntas que instala el autor. ¿Es posible justicia sin condena?¿Perdón sin justicia? ¿Existe la reconciliación? ¿La ley del talión serviría de algo? ¿ Y la institucionalidad? Antonia Zegers está magnífica como Paulina Salas, una mujer torturada durante la dictadura que reconoce la voz del médico que participó en su suplicio y decide tomar la justicia en sus manos. Ella representa a toda la sociedad chilena lastimada. La actriz dota a su personaje del dolor que le provoca su descubrimiento, poniendo en tensión todo su cuerpo y su voz, pero es capaz de no desbordarse emocionalmente. César Sepúlveda, como su marido abogado y parte del nuevo gobierno democrático, encarna muy bien la transición negociada que vivió el país y la encrucijada que significó, y significa, hacer justicia. El torturador encuentra un muy buen intérprete en Erto Pantoja, quien es capaz de reflejar no sólo la situación límite que vive su personaje, sino también su ambigüedad. La sensación de ahogo que vive el trío es inteligentemente subrayada por la escenografía de Eduardo Jiménez, que corre sus muros empequeñeciendo el espacio de acción. Definitivamente, una obra recomendable. No importa la posición política del espectador.

 

Jueves, viernes y sábado, 20.00 horas, 23 de Septiembre al 22 de Octubre

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