27 de 12 de 2010

La química en el amor

Hoy vamos a hablar del amor. Probablemente muchas hemos transitado por circunstancias o contextos amorosos que nos han mantenido acostadas en la cama por semanas, sin ganas de comer, ni trabajar, sin poder dormir, en fin, sin ganas de nada. A esto le sumamos todos los objetos o artefactos  que nos recuerden a nuestro enamorado y acompañamos ese cuadro, con la música romántica que escuchábamos cuando estaba todo bien… entonces, nos agarramos el pecho sintiendo que el corazón está partido en dos y pensamos que efectivamente la vida perdió todo su sentido.
Claramente todos los seres humanos tenemos un dejo masoquista que nos lleva a realizar todas las acciones (que luego de aproximadamente 6 meses, o menos, nos parecen tan descabelladas y hasta ridículas), pero que sin embargo son emociones fuertes que nos permiten sentirnos vivas en momentos que parece que ningún estímulo nos mueve.

Es interesante ver, lo que nos ocurre a nosotros, los terapeutas, cuando alguien que está pasando por ese período, entra a tu consulta. La sesión dura entre 45 minutos a una hora, y efectivamente, uno cree que el cuarto podría llenarse de agua y ahogarnos a ambos/as, de todas las lágrimas que brotan de los ojos de esos pacientes.

En estas situaciones siempre suelo pensar en una de mis películas favoritas El eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Michel Gondry). En ella se ve la posibilidad de que a través de un proceso tecnológico, se borran todos los recuerdos vinculados a una relación amorosa y a la misma ex pareja, con el fin de cortar el sufrimiento extremo del amor perdido y avanzar como si nada hubiese pasado. Si esto existiera, los psicólogos no tendríamos trabajo, pero quizá se ahorrarían muchos accidentes, suicidios y femicidios, producto de estas penas monstruosas que llegan a producir cambios incluso a nivel cerebral.

Hace algunas semanas estuvo en Chile la antropóloga canadiense e investigadora del comportamiento humano, Helen Fisher, quien lleva aproximadamente 30 años estudiando relaciones amorosas en aproximadamente 58 culturas. Trajo a nuestro país los resultados de su última investigación, donde estudió los cerebros de un grupo de personas que estaban en pleno enamoramiento, los que estaban “despechados por amor”, y los que llevaban más de 20 años juntos. Todo a través de tomografías cerebrales (scanner) y un arduo trabajo investigativo.

Algunas de las conclusiones fueron precisamente la notable implicancia de los neurotransmisores en el amor y el desamor. Por ejemplo, que la serotonina es la encargada de controlar impulsos y comportamientos obsesivos, la dopamina, neurotransmisor encargado de las sensaciones de placer y refuerzo que nos motiva a hacer aquellas actividades que nos parecen placenteras, que Fisher también asoció con el amor romántico, y la noradrenalina, encargada de los estados de vigilia y euforia, serían los principales agentes cerebrales de todo lo que siempre hemos creído, está relacionado con “problemas del corazón”. Por lo mismo, descubrió que durante el enamoramiento; es decir, los maravillosos primeros meses de una relación, la dopamina y la noradrenalina están en altos niveles, generando esa necesidad dependiente de estar las 24 horas del día con la persona, demostrando según Fisher, las mismas características adictivas que experimenta un drogodependiente. A la vez, la serotonina es la que compensa esta pasión extrema, bajando los niveles de obsesión y dependencia.

¿Qué nos entrega esta investigación? Que efectivamente podría aparecer algún “parche curita” que actúe como la máquina de la película, y logre recoger del suelo a todas esas personas que perdieron la razón de vivir, por perder a su amor.

Si lo que se necesita para bajar la sensación de necesidad por la persona (dopamina) es serotonina, bastaría con aumentar los niveles de esta sustancia en el cerebro. ¿Qué lo aumenta? Los antidepresivos. Los que actúan a nivel serotoninérgico, bajan la dopamina y lograrían por lo tanto bajan la necesidad del vínculo afectivo.

Nuestro país es uno de mayores consumidores de antidepresivos del mundo, ¿qué pasaría si asociáramos que también, somos uno de los países con más divorcios (8 de cada 10 matrimonios) del mundo? Podríamos hipotetizar, que por este sobreconsumo de sustancias que nos bajan la intensidad de necesitar a otro, hemos ido perdiendo la capacidad de enamorarnos y por lo mismo, de tener las ganas de luchar por una relación amorosa.

En Italia, ya se está investigando del tema, y en un estudio realizado a 15 chicos de 23 años de edad y “despechados por amor”, el uso de serotonina en píldoras pareció sugerir un efecto clínico favorable.

Pareciera que cada día tenemos más píldoras para superar todo. Pero inevitablemente me pregunto: ¿Qué realmente pasaría si nadie sufriera por amor? Neruda jamás habría escrito poemas, Botticelli no habría pintado a su musa, y las canciones de amor perderían la capacidad de “ponernos piel de gallina”…no las entenderíamos.

Bueno, para finalizar les cuento que el estudio de Fisher, también concluyó que entre los cerebros de los recién enamorados y los que llevan más de 20 años juntos, no había mayor diferencia… una demostración de que un vínculo duradero, tiene que ver con querer y hacer cosas por tenerlo.

3 comentarios

Mónica

19 de febrero de 2011

Nerea, me encantaron tus notas !!! Comparto tus reflexiones totalmente y me encanta como escribes, juntémonos pronto para armar algo entrete, vale? Felicidades por tu nueva página sobre mujeres, yo justo ahora escribí algo sobre lo que nosotras esperamos sobre los hombres (http://www.sanarte.cl/2011/02/%C2%BFque-esperamos-de-los-hombres-hoy-algunas-ideas-sobre-los-chicos-buenos-y-malos-e-integrar-el-lado-femenino-a-lo-masculino/), hay tanto tema para compartir !!! besos enormes

francisca

28 de enero de 2011

creí que era la única que había visto esa película!!!!!! jajaja, me encanta, yo no solo borraría un mal amor, también un mal corte de pelo, un mal trabajo, malas decisiones o todos esos recuerdos que me provocan arrepentimientos......sería maravilloso.....

andrea

28 de diciembre de 2010

Hola! me encanta leer a la Dra. Fisher, es súper entretenido buscar las bases bioquimicas de lo que te ocurre con sentimientos como el amor. que bueno que hagan publicaciones así!

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