10 de 09 de 2010

La locura del amor

*Ganadora del Concurso Blogueras 2010

Que levante la mano la que no ha hecho alguna locura por amor… una de aquellas que nos avergonzaría contar hasta al psicólogo por miedo a que nos encuentre cursis, obsesivas o simplemente taradas. No importa si fue a los 20, 30, 40 o más, no hay edad para el enamoramiento. Cuando llega nos levanta como hojas en medio de un huracán, dejándolo todo patas arriba.

A lo largo de la historia encontramos muchos ejemplos de hombres y mujeres protagonistas de grandes locuras de amor… todas descabelladas. Entre mis preferidas, está la del rey musulmán Shah Jahan, quien luego de la muerte de Mumtaz Mahal, su esposa favorita, mandó construir el mausoleo de Taj Mahal, con el que quiso ofrecerle el palacio y la corona que no tuvo en vida.
Lo curioso es que hay quienes piensan que hay que preferir a la persona que no ama que a la que ama, basándose en el evidente estado de locura que el enamoramiento provoca. Tal estado, argumentan, es una enfermedad que nubla el entendimiento y hace imposible el dominio propio.
Ante tal afirmación, no puedo más que recurrir a mi amigo Platón, hombre racional y padre de la filosofía, quien afirmaba que aunque la pasión amorosa efectivamente excluye la reflexión racional, que es una forma transitoria de manía, no siempre ha de considerarse como dañina. Parte su defensa señalando que si el amor es algo divino, éste no puede ser nada malo sino más bien un regalo de los dioses. La locura de amar es un don celeste. La manía a la que Platón atribuye una supuesta intervención sobrenatural, consiste en una transformación divina de las normas de conducta habituales, impulsada por la potencia de la pasión.

En efecto, aquel que quiera ser poeta sin haber sido poseído e inspirado por el amor, no podrá hacer verdadera poesía. ¿Qué ocurre con el hombre o la mujer que se ven sometidos a la experiencia de un amor arrebatador que va más allá del del puro placer? Olvidarán las normas de conducta y las buenas apariencias, dejarán de lado su rutina y afanes cotidianos, recorrerán lugares antes desconocidos, pondrán una flor en su balcón, contemplarán el brillo de la luna, contarán las gotas de la lluvia, se mirarán a sí mismos y no se reconocerán. Por tanto, la locura en el amor no consiste precisamente en una devaluación de las capacidades racionales, sino más bien en una transformación y mejora del ser.

Eso sí, todo lo anterior no es un un salvoconducto para hacer y deshacer. Platón también nos advierte que el amar con locura no necesariamente  lleva al individuo a obrar sin sentido, pues habrá de examinarse con detalle si hay virtud en aquello que ha nublado la razón. La persona de estructura muy simple y ruda, –dice Ortega y Gasset– convertirá en vicio todo sentimiento y pasión en la que ella se vea envuelta.
Ignoro si mi estructura sea simple o no, pero no me arrepiento de ninguna de las locuras que he hecho. Nada me resulta más odioso que un amor frío y calculador. ¡Por favor, un poco de locura!

6 comentarios

Cristina

26 de septiembre de 2010

Qué lindo es no arrepentirse de las locuras de amor! y lo mejor de todo aprender de ellas :)

Loreto

14 de septiembre de 2010

simplemente un placer leerte! lindas palabras.

belen

13 de septiembre de 2010

mmmm........ si yo =

MJ

12 de septiembre de 2010

wow!!! definitivamente estoy a años luz de ese sentimiento, pero desde acá doy un tremendo aplauso a esa maravillosa manera ke tienes de describir los sentimientos.... especialmente cuando a veces se sienten y no se describen por miedo a espantar hasta a tu "locólogo" Felicidades!!! me encantó tu nota!

Karen

12 de septiembre de 2010

Me encantó esta columna! lejos la mejor de todas las ganadoras :) Felicidades

Lorena

12 de septiembre de 2010

Un poco de "locura" siempre está bien, te saca de la rutina y te hace Sentir! =) Saludos!

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