18 de 06 de 2010

Un hombre llamado Saramago

Hoy murió, sorpresivamente el gran José Saramago, escritor portugués ganador del Premio Nobel de Literatura. Desde aquí le rendimos un sensible homenaje. Los dejo con un crónica escrita por Luis Sepúlveda, escritor y colaborador de Le Monde Diplomatique, en Gijón, hoy 18 de junio de 2010.

“Caín”, la última novela de José Saramago me llego un día de lluvia y el
sobre que contenía el libro venía medio desecho, pero la tinta de bolígrafo
es por fortuna resistente y la dedicatoria no había sufrido daños. También
llovía hace dieciocho años en Bad Homburg, un lugar cercano a Frankfurt
donde, cada año, empezaba realmente la Feria del Libro, la mítica Buchmesse
, durante una cena ofrecida por Ray-Güde Mertin, nuestra agente literaria.
Y en esa tarde de lluvia , mientras todos bebíamos estupendos vinos
alemanes, mientras escritores y editores de todo el mundo nos
encontrábamos, tocábamos, narrábamos lo que en ese momento nos ocupaba,
nadie se percató de que el timbre de la casa no funcionaba. De pronto, uno
de los camareros  se acercó a la anfitriona y le susurró: “en la puerta hay
un hombre llamado Saramago”.
Entonces entró ese hombre flaco acompañado de un ángel llamado Pilar, ese
hombre que miraba a los ahí reunidos con ademanes de estar perdido, hasta
que reconoció al novelista uruguayo Mario Delgado Aparaín y ambos se
fundieron en un abrazo. A partir de ese momento se formó el rincón de los
latinoamericanos que tratábamos de responder a las mil preguntas que nos
hacía José Saramago, que sabía de nuestros países más que muchos de
nosotros mismos.
José Saramago entendía la solidaridad como un hecho consustancial a vivir,
nadie se jugó tanto por tantas causas justas y en tan poco tiempo. Los que
alguna vez lo invitamos a Chiapas, a los campamentos del Tinduf, a la
Araucanía, a cualquier territorio del continente americano donde se
precisara, no  un mensajito esperanzador carente de médula, sino un
discurso fuerte sobre los derechos humanos, la justicia y la dignidad de
los pobres, sabíamos que lo más probable es que aceptara, poniendo en juego
su propia salud y su precioso tiempo de escritor enorme.
José Saramago llegó a todos los lugares a los que creyó que tenía que
llegar. Supo definir mejor que nadie lo que significaba ser un comunista en
el confuso siglo XXI: es una cuestión de actitud, dijo, una cuestión de
ética frente a los acontecimientos y la historia.
Y ahora llueve también en Asturias cuando la radio me informa del deceso
de ese hombre llamado Saramago, cuyo ejemplo es un icono de la decencia
social, y autor de libros que permanecerán en la memoria de los siglos.
Será dura y difícil la senda de los preocupados por la ética sin la
presencia de José Saramago. Será duro saber que no está cuando precisemos
de su voz alentadora en las mil batallas pendientes contra un sistema
feroz. Pero sé que una voz en nuestras conciencias, en los momentos de
dudas o peligros, nos recordará que con nosotros todavía sigue el ejemplo
de ese hombre, de ese hombre llamado Saramago.

2 comentarios

_caroo_

28 de junio de 2010

!!!!....jajaj grandee...!!!....haa?? wuajjajja....saludoooss a todas las chikas que leen la revista seventeen..xd..bye...

xsanmiguel

18 de junio de 2010

¡Qué grande, Saramago!

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